Receta de buñuelos de viento receta de la abuela

Buñuelos de viento Receta de la Abuela

Postres 2448 Última Actualización: 07/07/2022 Creado: 07/07/2022
Buñuelos de viento Receta de la Abuela
  • Raciones: 8 Persona(s)
  • Tiempo de Preparación: 20
  • Tiempo de Cocinado: 30
  • Calorías: 400
  • Dificultad: Fácil


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La muerte es algo que está profundamente ligado a España, habiendo desarrollado en torno a ella toda una cultura funeraria.

El día de Todos los Santos, en el país, además de crisantemos y claveles, se venden muchísimos buñuelos de viento.

Este dulce tradicional, ligado al día de los muertos, tiene un origen antiquísimo. En siglo II a.C ya encontramos una mención a un dulce al que se llama "globos", descrito por Catón el Viejo en su libro De Agri Cultura.

Sin embargo, pese a ser un dulce emparentado a la tradición católica, parece tener un origen árabe.

Se cree que fue en el siglo XI, cuando el panadero del rey árabe de Sevilla llevó a cabo los primeros buñuelos, que estaban formados por una masa de agua y harina que posteriormente se freía.

Esta receta podría haber saltado a los vendedores moriscos de la zona de Sevilla y Granada.

Si somos verdaderamente estrictos con la historiografía, la primera receta donde rezan las palabras buñuelos de viento aparece en el libro el Arte de cocina, pastelería, vizcochería y conservería, escrito por Francisco Martínez Montiño, el que fuera cocinero mayor del rey Felipe II, Felipe II y Felipe IV.

Se les denomina de viento porque tienden a doblar su volumen cuando se fríen, dando como resultado una masa muy bien aireada.

Tradicionalmente, la masa era bastante simple, sin ninguna floritura ni aroma.

Actualmente, en las pastelerías, podemos ser testigos de un despliegue apabullante de diferentes rellenos, desde la nata hasta el chocolate, pasando por la crema pastelera o los frutos secos.

Cómo hacer buñuelos de viento receta de la abuela



Fieles a la tradición, como suele ser habitual en Las Recetas de la Abuela, vamos a preparar unos buñuelos de viento clásicos .

Buena mantequilla, buena leche y buen aceite, esas son las claves para conseguir unos buñuelos de viento fantásticos, que nada tendrán que envidiar a los de las más selectas confiterías.

El proceso de elaboración es bastante sencillo, y consiste básicamente en una masa cocida que luego se fría, algo semejante a la que prepararíamos para hacer churros, pero con algo más de enjundia.

¡Manos a la masa!

Ingredientes

Instrucciones

  1. El proceso de tamización de la harina no es imprescindible, pero sí recomendable, para esta y otras muchas recetas de repostería. Antaño, cuando la harina no venía tan finamente molida y el proceso higiénico sanitario era otro completamente diferente, si se hacía necesario seguir este paso. En un bol, y valiéndonos de un tamiz o colador, iremos tamizando poco a poco toda la harina.
  2. Pondremos un cazo a fuego medio, e iremos añadiendo el agua, la leche, la mantequilla, la sal y el azúcar. Dejaremos que arranque a hervir, y con la ayuda de una varilla, nos cercioraremos de que el azúcar ha quedado perfectamente disuelta. Rápidamente, empezarán a asomar unas burbujas en la superficie, momento en el que retiraremos el cazo del fuego.
  3. Inmediatamente después, volcaremos toda la harina . Con una lengua, iremos mezclando los ingredientes hasta obtener una masa homogénea, lisa y que no se adhiera a las paredes del cazo, al igual que haríamos con una masa de churros. Es una mezcla de aspecto consistente, compacto y de un agradable color amarillo.
  4. Llega el momento de agregar los huevos. Para evitar que pueda caer un trozo de cáscara en la masa, cascaremos los huevos en un bol aparte, y lo iremos agregando uno a uno, al mismo tiempo que removemos con las varillas. Antes de añadir el siguiente, el anterior debe haber quedado perfectamente integrado. Junto al último, pondremos también la levadura química.
  5. Taparemos con papel film a pelo, es decir, con el plástico pegado a la superficie. Con esto evitaremos que se forme una costra superficial que luego nos obligaría a reamasar con resultados impredecibles. La aguardaremos en el frigorífico durante 1 hora, tiempo en el cual cogerá consistencia suficiente como para poder formar los buñuelos.
  6. En una sartén parisien, conocida también como gran fritura (si no, una sartén normal podría servirnos, aunque recomiendo mucho el disponer de una), echaremos aceite de oliva virgen extra suave de forma generosa. En este caso, podríamos sustituir el aceite de oliva suave por otro aceite vegetal, como el girasol alto oleico. Lo calentaremos a fuego fuerte, pero en ningún caso el aceite debe llegar al punto de humo, manteniéndose siempre en torno a los 165 °C - 175 °C.
  7. La fritura es un arte que requiere de cierta pericia, y sobre todo preparación. Por ello tendremos previamente preparado un plato amplio con papel de cocina, que será donde iremos sacando los buñuelos una vez fritos. El momento más crítico de la receta llega con la formación de los buñuelos. La masa no es lo suficientemente sólida como para poder bolear como si de unas croquetas se tratase.
  8. Existen diferentes métodos que nos permitirán formar unas bolas perfectas. Emplear un sacabolas de helado es una de las mejores opciones para manos inexpertas. En caso de que no dispongamos de uno, podríamos usar dos cucharaditas e ir dándoles forma como tratando de dar forma a una quenelle redonda. Para evitar que la masa se pegue, impregnaremos las cucharas con aceite.
  9. Teniendo presente que las bolas llegarán prácticamente a doblar su volumen, iremos friéndolas sobre la marcha en pequeñas tandas. No es algo que podamos o debamos tener preparado. Según vamos boleando la masa, la iremos introduciendo en la freidora. Controlaremos también que el aceite no baje ni suba mucho de temperatura. Rápidamente saldrán a flote.
  10. Para lograr que se doren por todos los lados, con un tenedor o espumadera, iremos dándoles la vuelta, y tras 3 o 4 minutos, estarán listos. El color ideal para los buñuelos de viento es el ámbar, lo que nos sugiere que la masa ha quedado perfectamente cocinada, pero sin que esta tenga el más mínimo toque amargo, algo que ocurre cuando nos pasamos de fritura y empieza a tornar en un color marrón.
  11. Una vez hayamos frito todos, espolvorearemos azúcar glas y canela. Se recomienda consumir fríos, ya que las masas calientes no suelen caer bien en todos los estómagos. Aun así, si no puedes resistirte, anímate y prueba uno. ¡Están riquísimos!

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Autor Cristina Cristina

¡Hola! Me llamo Cristina, soy cordobesa y además de diseñadora web adoro la cocina ¡Espero que disfrutes de estas deliciosas recetas de la abuela tanto como yo!

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